Ansiedad Patológica
El modo de pensar de una persona ansiosa es diferente al modo de pensar normal, ya que su forma de interpretar la realidad esta distorsionada y tiene unas características peculiares que contribuyen como consecuencia de ello a generar, incrementar y mantener la ansiedad.
Podemos decir que la persona que tiene ansiedad está viviendo una vida que no está realmente ajustada a su presente y sus necesidades, con lo que puede estar permanentemente “forzando la máquina”.
Así pues, en la ansiedad patológica, no existe un peligro real, sino una interpretación exagerada o errónea de una situación determinada y del peligro que plantea.
Por tanto, la respuesta de ansiedad es inapropiada y, en vez de protegerte de un peligro real, te impide actuar de un modo eficaz e incrementa y dificulta la solución del mismo.
Queremos presentar las señales de alarma que es imprescindible conocer y tener en cuenta, para no solo prevenir la posible aparición de un cuadro patológico, sino para hacernos consciente, de que es importantísimo pedir ayuda, en ese primer momento.
– Ansiedad sin ninguna razón.
– Mucha ansiedad que no puedes controlar.
– Temor todos los días.
– Temor a situaciones o cosas especificas.
– Tener ideas catastróficas.
– Fatiga o cansancio permanente.
– Dificultades para dormir.
– Las emociones te desborda en determinadas situaciones.
– Pérdida de interés y dificultad en mantener la motivación suficiente para afrontar el día a día.

Problemas para concentrarse y para recordar. La mente de la persona ansiosa está hipervigilante y su atención centrada en la situación temida, que percibe como amenazante, y constantemente inspecciona el ambiente a su alrededor en busca de pistas de daño personal. Este estado le impide pensar correctamente y limita su capacidad para llevar a cabo las tareas que desearía realizar.
La persona ansiosa puede estar en un continuo estado de alarma, (mucha ansiedad que no puedes controlar y ansiedad sin ninguna razón) es hipersensible a cualquier estímulo que pudiera suponer una amenaza y puede percibir casi cualquier cosa como peligrosa. Por este motivo, puede encontrarse en un constante estado de estrés emocional.
Pensamientos recurrentes. La preocupación que siente se refleja en una serie de pensamientos que acuden constantemente a su cabeza. Son pensamientos recurrentes, repetitivos y rápidos. A veces pasan por la mente con tal rapidez que la persona no se da cuenta de ellos, siendo solo consciente de la ansiedad generada. Por ejemplo: “No les voy a gustar, se reirán de mí, creo que no quieren que esté aquí” o “No puedo conducir, soy demasiado torpe, me estrellaré”
La capacidad para razonar sobre estos pensamientos se ve limitada. (temor a situaciones o cosas específicas) Aunque puede estar de acuerdo en que sus pensamientos son ilógicos, se comporta como si creyera completamente la veracidad de esos pensamientos.
El pensamiento ansioso es involuntario y aparece en la mente aunque la persona tenga la determinación de no pensar en ello o considere que esos pensamientos no son válidos.
Pensamiento catastrofista. (Tener ideas catastróficas). La persona ansiosa se centra en el peor resultado posible de cada situación en la que existe una posibilidad de que haya un resultado negativo. Exagera la probabilidad que existe que el resultado temido suceda y exagera las consecuencias de ese resultado.
Por ejemplo, una estudiante con ansiedad ante los exámenes piensa que fracasará, (a pesar de estar bien preparada), que no será capaz de aprobar ningún examen más, ni terminar la carrera y que se convertirá en una fracasada.
Un profesor que tenía que dar un discurso pensaba que olvidaría lo que tenía que decir, que quedaría como un idiota delante de todos y que sentiría tanto miedo que se desmayaría.
Centrarse en lo negativo. Otra característica del pensamiento de la persona ansiosa es que recuerda los resultados negativos y olvida los positivos. Así, puede ser muy consciente de sus problemas para manejar una situación determinada, pero no de sus habilidades para sacarla adelante.
Está orientado a percibir la amenaza, lo que ha salido mal en el pasado, en vez de lo que salió bien; lo que puede salir mal o hacer mal, en vez de lo que puede salir bien o hacer bien, se centra en sus defectos en vez de en sus virtudes.
Tendencia a pensar de un modo extremista. La persona ansiosa no tolera la ambigüedad ni la incertidumbre. Por tanto, a no ser que esté seguro al 100% de que la situación no conlleva ningún riesgo o de que tendrá éxito, ve la situación como una amenaza.
Así, una respiración entrecortada significa que va a dejar de respirar por completo; un sonido extraño provocado por el viento, significa que alguien está entrando en la casa; un bostezo de una persona significa que le aburres; caer mal a alguien significa que no puedes caer bien a nadie porque eres horrible, etc.
Las posibilidades remotas se ven como altamente probables. Así, a pesar de estar bien preparado para un examen, la probabilidad de suspender se vuelve altísima; no poder recordar una palabra se vuelve una señal altamente probable de un deterioro mental; una discusión con tu pareja es vista como un indicio de una ruptura inminente.
Es decir, se da una tendencia a pensar de un modo extremista y absolutista, que aumenta conforme se acerca la situación temida.