¿A qué llamamos trauma?

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Empezaremos haciéndonos una serie de preguntas, que probablemente nos habremos hecho en alguna ocasión a lo largo de nuestra vida y que ha hecho que estés leyendo este artículo: 

¿Qué es esto de trauma

¿Qué patología es? 

¿Qué síntomas tiene que tener la persona para poder decir que tiene trauma o está traumatizada

Ante esta serie de cuestiones lo primero que se me ocurre como profesional de la psicología clínica que soy es acudir al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM)

Y vemos que incluyen un historial de exposición a un evento traumático que cumpla con estas condiciones y síntomas

Intrusión.

Evitación

Alteraciones negativas en cogniciones y estado de ánimo

Alteraciones en aumento de la activación (arousal) y reactividad

Pero, mientras leo esto, a mi me surge otra pregunta ¿qué entendemos por evento traumático? Según el DSM-V “La persona estuvo expuesta a: muerte, amenaza de muerte, amenaza o realidad de heridas serias, o amenaza o realidad de violencia sexual”. Es decir,la persona ha tenido que vivir, presenciar o encontrarse ante un hecho potencialmente mortal, con peligro de muerte o de heridas graves, o de amenaza a su integridad física o a la del otro. La sensación de la persona  incluye miedo, sensación de vulnerabilidad o de horror intenso

Es entonces cuando me hace replantearme otra serie de cuestiones: ¿y si la persona no ha estado expuesta a ninguno de estos sucesos, pero su sensación es la sensación es miedo, entonces no es trauma?. 

Todos conocemos gente que ha perdido el trabajo, a sus seres queridos e incluso posesiones, ¿acaso no han sufrido verdaderamente?. Pero a mí me gustaría ir más allá, os pongo un ejemplo de un paciente que se queja porque todos los días durante su infancia y adolescencia, el padre le criticaba su forma de comer en la mesa porque sin querer derramaba una taza de leche, el tenedor caía al suelo, no sabía manejar los cubiertos, su conversación era tonta… y hoy reclama que tiene dificultad para salir a comer con sus amigos- ¿esto no es trauma?. Tomar una cerveza lo hace con dificultad pero sentarse en la mesa a comer le genera tal ansiedad que se le revuelve el estómago, el corazón se le dispara, llega a sudar frío y todo ¡porque va a comer con los amigos!. Estos recuerdos crean situaciones difíciles para él y limitan su vida cotidiana 

Otro caso, una mujer, a la que le cuesta mucho relacionarse con hombres, de hecho se queda bloqueada cuando interactúa con el sexo opuesto, de tal forma que no quiere tener pareja, pero a la vez desearía tenerla porque es lo que más quiere. Investigando en sus creencias, lo que descubrimos son unos padres que le solían decir cosas como “quien te va a querer a ti” “eres un desastre, no sirves para nada”, estas frases escuchadas toda su vida,

ha generado que su mayor deseo de adulta, construir una familia, no pueda crearlo, porque hay una niña herida en ella que piensa justo esto “quien me va a querer a mi”, esto también es trauma porque para ella, su vida será únicamente la soledad o el sufrimiento cuando esté en pareja. 

QUÉ ES TRAUMA DE APEGO 

Lo cierto, es que el trauma tiene mucho que ver con la interpretación que cada cual da a un acontecimiento traumático

No es sólo el impacto del trauma o el trauma por sí mismo lo que tiene importancia en el desarrollo de secuelas psicológicas posteriores, sino también, la posición de la persona en relación al impacto del trauma, el entorno social (apoyo social) la visibilidad o reconocimiento del sufrimiento, la reparación del daño y sobre todo las expectativas racionales compartidas por una misma cultura sobre qué es y qué no es tolerable en las relaciones humanas, qué daña y que no daña. 

Y otra cuestión aún más importante: el trauma genera -si está mantenido en el tiempo- una cascada de acontecimientos que socavan el apego de la persona y provocan disociaciones emocionales, amnésicas y cognitivas importantes. Por ejemplo, si un niño es abandonado por su madre apenas nacer, este abandono puede ser considerado en sí mismo como un trauma por el observador, pero en realidad el niño va a comportarse ajeno a él puesto que no tiene el aparato comprensivo suficiente para saber que ha sido abandonado. Si es apadrinado por “otra madre” que no sea algo impersonal como sucede en los orfanatos, el niño no percibirá los efectos del abandono hasta que sea capaz de hacerse preguntas retrospectivas. Pero el abandono de la madre biológica no sucede por azar sino que se contextualiza en el entorno de una familia disfuncional donde el niño está condenado a crecer y educarse. Ese mismo niño desarrollará en este contexto familiar apegos desorganizados o por lo menos inseguros o ambivalentes (Bowlby 1999). 

Muchas veces los recuerdos se mantienen fuera de la conciencia y cuando brotan a la superficie, amenazan con síntomas como, sentimientos de pánico, náusea, mareos, dificultades sexuales. “La recuperación de recuerdos, se produce muchas veces a partir de claves contemporáneas, como una relación difícil, o un hijo que va a llegar a la edad en la que el paciente sufrió el abuso. Estos activadores en presente, son capaces de despertar huellas de memoria, que hasta ese momento no tenía, pero su mente siempre guardó. 

Tales personas, parecen haber sido privadas de los cuidados y de la sensación de calma asociados con el apego seguro, y pueden empezar a consumir drogas, a autolesionarse, a presentar trastornos alimentarios o similares como forma de calmarse. 

Y este apego patológico, no es algo estático y puntual como el trauma, sino que se mantiene a lo largo de la vida. 

Las crianzas que se desarrollan en ambientes impredecibles, inconstantes, desorganizados y donde esta imprevisibilidad es precisamente la constante esperable dentro de la vida interpersonal, son traumáticos por el desarrollo anómalo de los vínculos entre los individuos

protagonistas de la acción. Aquí hablamos de trauma y de una patología vincular o del apego

Trauma sería entonces, experiencias dolorosas que no necesariamente encajan en los diagnósticos oficiales de médicos. El trauma consiste, en hechos o experiencias de falta de cuidados y de abuso, que influyen en el sentimiento de valor, de seguridad, en la capacidad de tomar decisiones para sí mismo y para otros, dificultades para confiar tanto en sí mismo, como en los otros y también limita la sensación de control y de elección. Son situaciones que amenazan a la integridad física o psicológica del individuo, incluyendo las amenazas a la identidad, de reconocimiento y de estructura interna.

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